Violeta Parra

Violeta del Carmen Parra Sandoval (San Fabián de Alico o San Carlos, 4 de octubre de 1917-Santiago, 5 de febrero de 196734 ) fue una cantautora, pintora, escultora, bordadora y ceramista chilena, considerada una de las principales folcloristas en América y gran divulgadora de la música popular de su país, a la que enriqueció con su obra. Es miembro de la prolífica familia Parra.

El aporte de Violeta Parra al quehacer artístico y musical chileno se considera de gran valor y trascendencia. Su trabajo sirvió de inspiración a varios artistas posteriores, quienes continuaron con su tarea de rescate de la música del campo chileno y las manifestaciones constituyentes del folclore de Chile y América Latina. Sus canciones han sido versionadas por diversos artistas, tanto chilenos como extranjeros.

En conmemoración de su natalicio, el 4 de octubre fue elegido el «Día de la música y de los músicos chilenos».

Volver a los 17
 

Volver a los diecisiete después de vivir un siglo 
es como descifrar signos sin ser sabio competente 
volver a ser de repente tan frágil como un segundo 
volver a sentir profundo como un nino frente a Dios, 
eso es lo que siento yo en este instante fecundo 

Se va enredando enredando, como en el muro la hiedra 
y va brotando, brotando como el musguito en la piedra 
como el musguito en la piedra, ay si, si, si 

Mi paso retrocedido, cuando el de ustedes avanza 
el arco de las alianzas ha penetrado en mi nido 
con todo su colorido se ha paseado por mis venas 
y hasta la dura cadena con que nos ata el destino 
es como un dia bendecido que alumbra mi alma serena 

Se va enredando, enredando, como en el muro la hiedra 
y va brotando, brotando como el musguito en la piedra 
como el mus guito en la piedra, ay si, si, si 

Lo que puede el sentimiento no lo ha podido el saber, 
ni el mas claro proceder ni el mas ancho pensamiento 
todo lo cambia el momento colmado condescendiente, 
nos aleja dulcemente de rencores y violencias 
solo el amor con su ciencia nos vuelve tan inocentes 

Se va enredando, enredando, como en el muro la hiedra 
y va brotando, brotando como el mus guito en la piedra 
como el mus guito en la piedra, ay si, si, si 

El amor es torbellino de pureza original 
hasta el feroz animal susurra su dulce trino, 
retiene a los peregrinos, libera a los prisioneros, 
el amor con sus esmeros, al viejo lo vuelve nino 
y al malo solo el canino lo vuelve puro y sincero 

Se va enredando, enredando, como en el muro la hiedra 
y va brotando, brotando como el mus guito en la piedra 
como el mus guito en la piedra, ay si, si, si 

De par en par la ventana se abrio como por encanto 
entro el amor con su manto como una tibia mañana 
y al son de su bella diana hizo brotar el jazmín, 
volando cual serafín al cielo le puso a retes 
y mis anos en diecisiete los combirtio el querubín 

Se va enredando, enredando, como en el muro la hiedra 
y va brotando, brotando como el mus guito en la piedra 
como el mus guito en la piedra, ay si, si, si

 

 

Gracias a la vida

                                                    

Gracias a la vida, que me ha dado tanto.

Me dió dos luceros que, cuando los abro,

perfecto distingo lo negro del blanco,

y en el alto cielo su fondo estrellado,

y en las multitudes el hombre que yo amo.

 

Gracias a la vida, que me ha dado tanto.

Me ha dado el oído, que en todo su ancho

graba noche y día; grillos y canarios.

martillos, turbinas, chubascos

y la voz tan tierna de mi enamorado.

 

Gracias a la vida, que me ha dado tanto.

Me ha dado el sonido y el abecedario,

con el las palabras que pienso y declaro:

madre, amigo, hermano y luz, alumbrando

la ruta del alma del que estoy amando.

 

Gracias a la vida, que me ha dado tanto.

Me ha dado la marcha de mis pies cansados;

con ellos anduve ciudades y charcos,

playas  y desiertos, montañas y llanos,

y la casa tuya, tu calle y tu patio.

 

Gracias a la vida, que me ha dado tanto.

Me dió el corazón, que agita su marco

cuando miro el fruto del cerebro humano,

cuando miro el bueno tan lejos del malo,

cuando miro el fondo de tus ojos claros.

 

Gracias a la vida, que me ha dado tanto.

Me ha dado la risa y me ha dado ell llanto;

así yo distingo dicha de quebranto,

los dos materiales que forman mi canto

y el canto de ustedes, que es el mismo canto,

y el canto de todos, que es mi propio canto-

 

Gracias a la vida...

 

 

 
Versos por la niña muerta

 

Cuando yo salí de aquí,

dejé mi guagua en la cuna:

creí que la mamita Luna

me l’iba a cuidar a mí.

Pero como no jue así,

me lo dijo en una carta

pa’ que el alma se me parta

por no tenerla conmigo.

El mundo será testigo

que hey de pagar esta falta.

 

La bauticé en la capilla,

pa’ que no que’ara mora.

Cuando llegaba la aurora,

le enjuagaba las mejillas

con agua de candelillas,

que dicen que es milagrosa.

Si se deshoja la rosa

muy triste que’a la planta,

como que’ó la que canta

su pena más dolorosa.

 

Llorando de noche y día

se terminarán mis horas.

«¡Perdóname, gran Señora!

–digo a la Virgen María–,

no ha si’o por culpa mía,

yo me declaro inocente.

Lo sabe to’a la gente

de que no soy mala maire:

nunca pa’ ella faltó el aire

ni el agua de la virtiente».

 

Ahora no tengo consuelo,

vivo en peca’o mortal,

y, amargas como la sal,

mis noches son un desvelo.

Y es contar y no cree’lo,

parece que la estoy viendo,

y más cuando estoy durmiendo

se me viene a la memoria.

Ha de que’ar en la historia

mi pena y mi sufrimiento.

 

 

 

Pupila de águila

 

Un pajarillo vino a posarse bajo mi arbolito,

era de noche, yo no podía ver su dibujito,

se lamentaba de que una jaula lo hizo prisionero,

que las plumillas, una por una, se las arrancaron.

Quise curarlo con mi cariño, mas el pajarillo

guardó silencio como una tumba hasta que amaneció.

Llegaron los claros de un bello día, el viento sacudió

todo el ramaje de mi arbolito y allí se descubrió

que el pajarillo tenía el alma más herida que yo,

y por las grietas que le sangraban su vida se escapó,

en su garganta dolido trino llora su corazón,

le abrí mi canto y en mi vihuela lo repitió el bordón.

Ya mejoraba, ya sonreía con mi medicina,

cuando una tarde llego una carta de su jaula antigua,

en mi arbolillo brotaron flores negras y moradas

porque el correo vino a buscarlo, mis ojos lloraban.

Desaparece, me deja en prenda toda su amargura,

se lleva ufano mi flor más tierna, mi sol y mi luna.

En el momento de su partida, en mi cuello un collar

dejó olvidado, y como Aladino yo le empecé a frotar.

Pasan minutos, pasan las horas y toda una vida

por el milagro de aquella joya lo he visto regresar,

con más heridas, con más silencio y con garras largas,

sus buenos días mi piel desgarra con ácida maldad.

Ave que llega sin procedencia y no sabe dónde va

es prisionera en su propio vuelo, ave mala será,

ave maligna, siembra cizaña, bebe, calla y se va,

cierra tu puente, cierra tu canto, tira la llave al mar.

Un pajarillo vino llorando, lo quise consolar,

toqué sus ojos con mi pañuelo, pupila de águila,

pupila de águila.