Silvia Battion

Santafesina por nacimiento y rosarina por adopción, cuando recorre su historia, siente que sus tres hijos son lo mejor que le pasó. Está por ser abuela por primera vez, y el acontecimiento la mantiene deslumbrada de tanto amor.

Le atraen las letras escritas a mano porque contienen la esencia  del autor. Le fascina la individualidad dentro de la especie humana, lo irrepetible dentro de lo parecido. Tiene mucha suerte, trabaja  como Perito Grafóloga haciendo lo que le gusta.

Este año quiso escribir, ver cómo resulta relatar con imaginación y arte, para que el lector experimente algo, no importa mucho qué.

El lobo con capucha

El lobo feroz veía pasar cada tarde a Caperucita camino a la casa de la abuela. Era una muchacha joven y bella, caminaba con gracia. En su andar había alegría, se notaba la femineidad en cada gesto. Su ropa combinaba con el color de uñas y el toque del cabello. Alta, morocha, cuando se ponía la capucha roja resaltaba aún más su preciosidad. Siempre hacía el mismo camino, doblaba en la esquina y entraba a la casa de tapiales bajos. Atractiva mujer. El lobo suspiraba al verla, una mezcla de odio con envidia lo hacía estremecer, corría al espejo y lloraba desconsolado.

Pero un día cuando se miró fijamente mientras repetía: lo vas a conseguir, anímate! comenzó con las pestañas y la boca. Arqueadas, tupidas, negras, enmarcó los ojos. Resaltó los labios con un tono perlado. Arregló sus uñas, y vistió la pollera roja que tanto le gustaba. Esa tarde era la prueba de fuego.

Caminó hasta la casa de la abuelita, tocó timbre  y esperó el saludo. ¡Hola hermosa! ¿A quién buscás? Suspiró feliz, lo había conseguido.