Sara Aspiazú

Nació en la ciudad de Rosario un 26 de diciembre. Es amante de las mandarinas, el ajo y la música, es también docente, estudiante, pastelera, solitaria e indecisa aveces. 

Asco

Como quien camina arrastrando
el cráneo
de un antiguo y pesado demonio
castigan su cuerpo
criaturas
de manos descascaradas
y violentas,
de ojos y pechos viscosos
que escupen
a salpicones
palabras que ahogan su inhalación.
Cuesta arriba,
mastica enojo y escupe mierda
a la densa trama acartonada
de la marca vieja
y absurda de su estigma.

Fonemas

[ʁ]
Infinitamente así se siente, un poco perdida también. Podría soñarlo miles de veces con los ojos abiertos y cerrados o decir simplemente la historia del amor de mi vida, un cliché que no es.
Nos miramos a los ojos entre besos enamorados, ambos nos sostuvimos dulcemente. Entré, sin temores a su habitación oscura y de pocos muebles, una cama pequeña de estudiante extranjero supo ser suficiente. Hicimos el amor incontables veces, no escondí temerosa mis manos, rocé suavemente todo aquello que se me ofrecía, su cuerpo delgado y alto, suave sensible a cada contacto, precioso, toqué también el mío descubriendo lo escondido por el pudor y la estupidez juvenil. Una luz suave y amarillenta llegaba desde afuera a través del vidrio de la puerta podíamos mirarnos y probarnos. Mi cuerpo sobre el suyo resbalaba de cálido sudor, mientras la danza
improvisada supo disimular la inexperiencia. Los músculos sensibles al éxtasis natural de una conexión liberadora ofrecían un movimiento aletargado, el ritmo justo, el mismo compás. El tiempo transcurrió pausado se acomodaba a nuestra respiración caliente, profunda. Sus caricias dibujaban en mi piel figuras ondulantes que aun puedo sentir, descansos mínimos entre florecidos orgasmos, suspiros eternos nunca antes pronunciados.

[e]
Su nombre, una combinación inimaginable de letras y fonemas. Cuestión de respeto tal vez es pronunciarlo tal cual él me lo repite. No es fácil tampoco pretendo que lo sea, me gusta, me divierte. Entiendo que de eso se trata. Su nombre suena a ríos verdes, aguas claras y desarraigos permanentes.

 

[u]
Me gusta todo, no encuentro otra forma de decirlo o no existe, será simple para el resto tal vez admitirlo pero para mi es un montón, aún nada me parece desagradable, lo que dice es lo que espero y lo que calla es perfecto. Todo el aire y los espacios están satinados de un color pastel que me vuelve terriblemente pegajosa, tonta y sorprendentemente no me molesta. ¿Podría alguien describir minuciosamente lo que se siente cuando lo que se siente es amor? Tampoco existe, nadie llega a capturarlo todo, la verborragia de pensamientos y sensaciones corporales que se desata es imparable y peligrosamente escurridiza.

Colibries y rosas

Día raro el de hoy. La luz del sol es incandescente, los rayos rebotan sobre los vidrios de la casa iluminando las sabanas colgadas en el patio, son como telones de una obra de teatro, todo se vuelve lento. La cuestión del tiempo es una locura, no del tiempo clima, sino del tiempo de la vida, del calendario. El clima también anda loco, mas aún cuando tenés el reloj dando vueltas al pedo durante todo el santo desvelo, que a estas alturas de mi experiencia mortal es mucho y sobra para lucubrar y adivinar tormentas.
No lo entiendo a veces, así no mas se me pasa el día. Parezco un tango, la melancolía me inunda la casa y los ojos. Siento que fue ayer que jugaba con mi hermana, corriendo por el jardín, saltando la soga, trepando árboles, escuchando a mi papá tocar el bandoneón que tanto odiaba mi mamá, que por cierto se lo vendió, yo siempre sostuve que ese día él se convirtió en un viejo, con su música se fueron su buen humor y su imaginación. Le dijo a mi mamá  que había vendido una parte de él, la mas valiosa y yo le creí, ella no por supuesto. 
Me río sola, yo era muy ágil, mucho más que ahora, me trepaba bien alto al paraíso del patio de adelante que me parecía un rascacielos, para que no me alcanzara mi mamá con el rebenque me colgaba de las ramas boca abajo sosteniéndome solo de las rodillas, así con las piernas dobladas, se me daba vuelta el vestido y mi mamá de abajo gritaba peor que las gallinas cuando entrábamos a robarle los huevos. En esa perspectiva el mundo era precioso, el césped de cielo celeste, la casa de cabeza chata sostenida por el pico de la chimenea. Parece ayer, a veces me pierdo, bueno no es que me pierdo, olvido algunas cosas, de eso me doy cuenta, no siempre, pero me doy cuenta. 
El tiempo, ¿que cosa no?, se pasa volando por no decir cagando, si me escuchara mi nonna maldeciría dos días completos en italiano, nunca aprendió a hablar bien español, yo tenía que cuidarla, bañarla, arreglarle el pelo y la ropa, era mala una vieja podrida,  la única familia por parte de mi papá, vinieron en un barco escondidos de polizón escapando de la guerra, nunca encontró a su marido y en el camino se murieron sus mellizos, ¿que querés? como para que no sea rebuscada.  El tiempo que hace que no voy a visitar a mi hermana.  Guido no anda bien, está muy enfermo, le duele todo, hay que ayudarlo, a mí también me duele todo porque  aunque esté muy flaco sigue siendo gigante, cuerpo y huesos Vascos con eso dije todo, de cabeza dura ni hablar. Yo soy fuerte, siempre lo fui, no voy a andar flaqueando ahora, con todo lo que tuve que pasar. 
Mi hermana, la tuve dando vueltas en mis pensamientos todo el día, ella es tan inteligente. Siempre leía mucho, y como era la mas grande no le tocaba cuidar a la nonna. Un día la vieja me hizo enojar muchísimo, la agarre del cuello no la aguantaba mas, la de barbaridades que me dijo, no le entendí ni la mitad, algunas sí, mi papá me quería reventar, pero él no entendía que yo era chica para estar de cuidadora y sirvienta, y mi hermana Gretel me defendió, a partir de ese momento hizo esa tarea conmigo hasta que la nonna falleció, pobre vieja nunca se vistió con otra ropa que no sea color negro, bueno “color” dicen que el negro no es un color, nunca me acuerdo bien porque, pero siempre que lo digo se me viene eso a la cabeza. Con Gretel éramos compinches, lo seguimos siendo a pesar del tiempo y lo de cada una. 

Hoy tiene que venir el doctor a hacerle las curaciones a Guido, lo tengo anotado, también tengo anotado que es viernes y que debo lavar las sabanas, odio hacerlo, me lleva toda la mañana, como la de hoy, las manos me quedan doliendo por días, parecen un añejo jacarandá, cada dedo tomó el rumbo en dirección a donde quiso, buscando el sol tal vez. Aveces cambio el calendario, escondo las notas donde oculto de mi misma también el chocolate, lo de las notas es para que no me toque hacer eso si es que no tengo ganas y lo del chocolate es para no comérmelo todo el mismo día. Gretel me dice que es una locura, pero la culpa juega hasta en lo mas sonso entonces si no lo veo, no me acuerdo, no pasó. Igual tiene razón, cuando hago esas cosas después es un lío, el doctor viene cuando se le antoja y como no lo esperaba la casa es un desastre, que vergüenza, ¿qué pensará ese hombre? con esa ropa siempre tan bien blanqueada. ¿Será él un fanático de la ropa limpia? ¿o su señora?, no me acuerdo si la esposa vive aun. Hoy me siento cansada, lavé mucho y pensé en la muerte todo día, combinación fatal, muy mal de mi parte siempre digo que si vas a hacer algo que no te gusta hay que pensar el colibríes, rosas y en melodías sabrosas. Guido me dice que me acueste que mas tarde salimos.

El doctor vino dos veces, no sé muy bien porque. No le hizo las curaciones, ando distraída, pero de eso estoy segura. Tengo a Gretel y a mi sobrina Clara en mi pecho vibrando, algo pasó, les voy a curar el empacho y el mal de ojo, soy buena en eso, tradición familiar, me lo enseñó mi papá en navidad cundo tenía diez años porque fui la única que nació con dos vueltas de cordón. Puedo hacerlo a distancia, con las personas que quiero es mas efectivo, muchas veces el doctor me trae a su nieta para que la cure y a tantas otras personas. 
Guido se levantó, hace tiempo que no lo hace solo, esta guapo como siempre y viejo como nunca. Me puso las manos sobre los hombros, que hermosa sensación, también me había olvidado de eso, son grandes cubren parte de mi espalda y los dedos me llegan al pecho, me desconcentró, se me fue la tensión. De él me enamoré de grande, mucho tiempo después de casados. Cuando empezamos a disfrutar de nuestra intimidad, de besos sinceros y apasionados, se murió. Su ropa aún está en el ropero no me atrevo a sacarla, ¿con qué derecho voy a poner todo en bolsas?, mucho menos regalarlas, nadie en este lugar tiene el perfecto porte de Guido, pero sinceramente si me cruzo a una persona llevando su corbata azul o su hermoso saco color café se me estremecería el corazón, lo extrañaría aun más. Mi dulce Gretel y Clara, no están empachadas. Clara esta grande, a punto de ser mamá, se lo recordé a Guido, el siempre olvida este tipo de eventos familiares. 
El doctor vino dos veces hoy, yo dejé un bollo de sabanas limpias tiradas en la entrada y mi mirada fija en el cuchillo cruzado sobre el plato con agua y gotas de aceite en el que salpican mis lágrimas.   

Colibries y rosas

lágrimas

Un cuerpo deforme define la forma con que otros pretenden señalar lo tonto, señalar con dedos redondos y gordos, horribles, por cierto, pequeños y vergonzosamente atrevidos.
Dedos que cuelgan de estúpidas palmas carnosas singularmente arrugadas y mal olientes, diez serpientes poco flexibles capaces de atraer con su bobo silencio la mirada de miles desatentos, chismosos nacientes de su propio aburrimiento de su falta de gracia y su chata o chota imaginación.
¿Saldrá algo bueno de ese montón de miserables capaces de sentenciar la humanidad del otro?
Sale la respuesta atenta por cierto dispuesta a todo, a tanto que tan pronto les chanta en la jeta su propio relato, su inútil insulto.