Poesía

De álamos y ardillas

No me queda más que declinar la noche y separar álamos de ardillas.

De día las ardillas juegan en los álamos.

Las nubes se filtran entre las hojas.

Soy adicta al viaje de las nubes,

a los sismos,

a contar monedas,

a esperar.

De noche los álamos se transforman en casas,

en mansiones o sucuchos prefabricados.

Las ardillas viven

como saben o como pueden.

Un lugar lo hace uno,

primero tira la primera piedra,

después la segunda,

impone orden y progreso,

destruye cada partícula cuando todo necesita un cambio.

Soy adicta al viaje de las nubes.

Verdad que un bostezo puede

provocar un sismo?

Una, dos, tres de un peso.

Diez, veinte, treinta centavos.

Acá hay una de cinco.

Ayer mamá me regaló una alfombra para el baño.

Se terminó el arroz, estoy sin plata.

En mi cama multiplico nubes.

En la cama

Ella recién se baña

el mar se proyecta 

desde la pantalla colgada en la pared

la frontera de su cuerpo deja gotas 

Vos te dormís entre series y películas yanquis,

soñás con directoras, clases, colegios

Ella te mira de costado, sonríe,

junta algas marinas y olas surferas,

te sostiene despierta el mundo

y el auto que pasa en la madrugada

es signo y es silencio.

A alguien se le ocurrió

A alguien se le ocurrió que teníamos que tomar cerveza

y quedar embarazadas en el baño

así el conocerse se hizo cortina

de un espectáculo un poco más extenso.

La vi arreglarse el bosque frente al espejo partido

apurada me dijo pasá rápido

que el viento me despeina.

Beta comunicaciones

Leo poesía en la mecedora que fue de mi abuela.

Cuando el talón toca el suelo el poema se estira.

Vibran nuevos signos al costado de la mesa.

El poema pasa como un tren expreso

mientras las luces tiemblan.

La imagen vibra,

como el tren pasa expresa y simple.

En la pantalla los contornos se retuercen

sumergidos en los dígitos.

Deslizamos apretados signos que construyen no me olvides.

Tu estado en línea es un volcán de hormigas en la pantalla azul celeste.

Leo poesía como leo tu cuerpo y los signos que dejan tus dedos en los míos.

La pantalla vibra y desde el otro lado te imagino escribiendo,

pienso tus labios recortados en los destellos lumínicos.

Un beso cruza el andén.

Las palabras al costado sostienen las ruedas metálicas y grises.

El celular vibra.

Emoticones transitan la supervivencia sentimental.

Un cachorro y un oso tienen clavado el visto.

Después de la tormenta

Después de la tormenta

vuelven los pájaros. Las hojas

se deslizan por los dedos.

Leo en voz alta que mujeres

se reúnen en la plaza. Vamos, digo,

mirando el margen de posibles letras.

Mi cuerpo no es tu cuerpo ni el tuyo mío,

hace poco lo entendemos. Es nuestra primera

manifestación juntas. Te abrazo.

Mientras caminamos me enseñás

a contar los pájaros de la plaza.

Una compañera nos grita “abajo todas”.

El estallido de alas sigue a los disparos.

Empiezo a transpirar. Me agarrás las manos.

Todo se disuelve. Desconcentramos.

Los disparos mueren con la noche. Volvemos

en silencio a nuestra casa.

Un viejo tronco caído es la resaca

de la tormenta.

Retrato

Mis amigas tienen en su bolsillo

las llaves de mi casa

fue mi primera prueba de amor

para ellas

De los chicos

sólo el fotógrafo las guarda

a veces sueño que entra de noche

va hacia mi cama y saca una foto

pienso que esa imagen puede ser

la única verdadera