Patricia Maraviglia

Nació un invierno de 1965. Su infancia y adolescencia transcurrió entre las tardes amarillas y el aroma de los verdes campos de su pueblo natal, Conesa, Provincia de Buenos Aires. Se radico en Rosario hace treinta años. Es Docente de Nivel Primario y Especial.

Degustadora del arte y de los instantes en que las palabras nos piensan y nos hacen unánimes.

Hiératica

Preñada de barro

empuja la  fatiga

amarga.

en cascos heridos,

Pronuncia  la lluvia reciente.

la negra cintura

se enreda

en la sombra perdida de rezos.

 

La misa

Se hizo cristiana

bebiendo crepúsculos

de lisonjas escaleras.

Salmodia de feligreses

asilan el pan.

Los acosos andariegos

con migajas se conforman

y en rodillas de ruego,

con un grito invisible

cruza la calle

 

 

Sin tregua

Deja el mate en

la trunca madera.

Amontonada de huellas

espera la llegada del  Juan.

Muerde miedo,

yerba  y vino.

El  quebrado umbral ensalma

la agonía de patadas.

La negra grita.

Los de atrás los hacen callar.

Escapularios rojos en la

espuma del colchón,

primitiva,

mutilada,

abre las piernas,

juan la desgaja,

y entre sueños la negra

canta cuajada de sangre.

 

Cosechera

El sol le apuñala las manos de algodón.

Diluyen los surcos represivos,

entre uno y otro cae

la inagotable lluvia del cansancio.

Marrón de castigo,

Cura  pare,

el silencio del patrón.

 

 

¿Quién no está un poco roto?

 

Se desvanece el  delgado disfraz en el embarrado  invierno 

de grietas gélidas.

Las piezas comienzan a descarnarse en ausencias

despojadas de todo o

nada.

De rodillas vagan los intentos sedientos de esperanza humilde,

y la piadosa mentira

grita inútil

el vacío engaño

¿Quién tiene la potestad de inmiscuirse en la henchida marca?

Humanamente viva.

¿No es el final de lo que se construye

con fervorosa fe, y

hasta con una elegía sin tristeza?

¿Quién no se ahogo con la ilícita lágrima?

¿Quién no fue sombra con el sol?

Humanamente vacíos,

Perturbados por los cuervos que merodean

la finitud del transeúnte.

Humanamente completos.

Fecunda entraña,

Polvo,

viento

siempre pariendo.

Crisálida

garganta de

ruda acorralada

adherida a excusas.

La  sed irrumpe

con la obediencia

desnuda,

oculta,

charlatana,

repitiendo,

y regurgitando gusanos.

 

 

Andariego

Recogen la luz de la escarcha,

mordidos de vientos

quejan la hambría  de

de miserables yugos.

Salvajes hilachas  de carros

enraízan las piedras

el lento tranco.

Mortajas,

agonía,

tragados de tierra

osamenta  y gusanos

relincho de cielo

vuelve

espera tu caballo.