María Luz Plaza

Nació en 1996 en Rosario, allí vive y es estudiante de Historia en la UNR. Comenzó a escribir poesía a partir del 17 de octubre del 2017, desde ese momento intenta escribir desde lo más profundo, lo que atraviesa, lo que le quita el sueño, ya sea por amor o terror.

Dafne

Algunas luces del día marcan cuándo tengo que volver a regar, con el agua de las azaleas, las hojas que me regalo este invierno. A veces me tienta la idea de cortar alguna de mis flores para hacerme un té, pero prefiero dejar crecer las ramas de naranjo que comenzaron a brotar entre los pliegues de mis dedos. El médico me dijo que no me preocupe, que la piel muta con el tiempo y que la mía lo está haciendo en pequeñas escamas de hojas. Y yo percibo como las plantas de mis pies enmalezan en el porcelanato frio del living, mis brazos se apegan a la madera de la mesa enredando todo, en un intento tocar la polvera que cae de los bananeros de enfrente. Dirijo mis deseos al patio de atrás y con mis codos abro espacios entre los helechos que cuelgan para terminar de enraizar junto al limonero de calle Derqui.

Dafne en llamas

Anoche soñé con la foto que mi mama todavía tiene de mi papa sobre la mesita de luz.

Esta sonriendo, pescando con mojarrera sobre descansos de arena terrosa, cubierto del verde musgo de mis brazos que juntos forman un manto redondo de hojas densas, ocupando todos los espacios vacíos, dejando un único hueco donde puede filtrarse el sol. Permito que mis tobillos se estanquen entre las raíces profundas enmohecidas y tomo de ella puñados de infancia para nutrirme un poco más, dejando entrar nuevos escapes de luz cuando inspiro desde mi costado izquierdo. Pero una espesura negra acida comienza a habitar todas las fibras de mi resina surcando dentro de mis piernas un camino de pequeñas grietas rojas que cobran vida, como flores que brotan en forma de chispas eufóricas por devorarme. Mi cuerpo ya no desprende cítricos ni flores de lavanda cuando siento una fuerza externa, como dos manos férreas haciendo presión hacia afuera quebrando mi pelvis en dos. Trozos de ellas caen y descubro que ahora son parte una danza incolora de bruma grisácea en círculos que zigzaguean el aire. Ardiendo vacías entre los cauces de agua dulce.