Julián Leone

Nació en la ciudad de Buenos Aires en el año 1980. Estudio la carrera de realizador integral cinematográfico en el instituto C.I.E.V.Y.C  de la cual se egresó en el año 2006. Desde el  2010 reside en la ciudad de Rosario donde actualmente se encuentra cursando la carrera de Bibliotecología.

El rastro de la bruma

En el puerto, la niebla matinal junto al vapor de los navíos comenzaba a disiparse. Era esa hora infame en la que el día empieza a perfilarse. En ese instante crucial, un hombre permanecía sentado en un granítico banco, de espaldas al río, de frente al implacable progreso. 

Nada parecía alterar la marmórea postura, ni los estridentes gritos de los trabajadores portuarios ni el horripilante chirriar de las máquinas funcionando; ni siquiera los imponentes embates de la marea contra el muelle parecían conmoverlo. Permanecía inmóvil como si fuese un bloque más entre tanto hormigón y cemento. Tal era su quietud que había adquirido un cierto halo de invisibilidad. Durante el lento pero constante transcurrir de las horas nadie pareció percatarse de su presencia.  De las tantísimas almas que se le cruzaron por delante, ninguna mostró el más mínimo interés en la rígida  figura sobre el banco. 

Así, minuto a minuto, hora tras hora; la noche comenzó a invadir el día y las luces artificiales de la rambla reemplazaron al sol.

De esta jornada para nada memorable ha pasado mucho tiempo ya, y como se esfuman las gotas de rocío, sin que nadie lo note, también se esfumó el misterioso hombre del banco.

Sin embargo, quienes hoy por hoy se sienten en ese mismo lugar, sentirán una suave y dulce bruma recorriéndoles el cuerpo. Y si además tienen la fortuna de alzar la vista al cielo en el preciso instante en el que el sol se convierte en luna, verán que danza como una antorcha su fantasma en el aire.