Julia Ligresti Peirone

Nació en 1992 en la ciudad de Rosario. Estudio gastronomía y trabaja en su emprendimiento de pastelería desde el 2013. Le encanta ser anfitriona y agasajar con mucha comida a amigos y familiares. Todos los años intenta poner los pies en la arena, mirando el horizonte frente al mar. Desde chica se preguntó cómo se aprendía a escribir libros y a través de Patas de Cabra se está animando a aventurarse en el mundo literario.

Azul

Cada mañana repito la misma rutina, desayuno un café negro con una tostada de pan y salgo de casa. Desaforada corro las cinco cuadras que me separan de él. Quiero llegar lo antes posible y concretar el reencuentro.
No fue una buena noche y ya se que una dosis de su medicina me sacará esta ansiedad.
Hago la última cuadra en bajada y voy ladeando su paisaje. Toco con las puntas de mis pies su humedad. Me dejo envolver por su frescura y poco a poco comienza a calmarme.
Miro sus tonos, azules, profundos a lo lejos y más celestes cuando los rayos del sol le dan de lleno en el lomo. Quiero guardar esas imágenes en mi retina y atesorarlas.
Me animo un poco más, el frío no me hace retroceder. Dejo que sus burbujas blancas me hagan levitar. Pero a diferencia de mis sueños, o mejor dicho, pesadillas, acá floto y mis miedos desaparecen.
Me suelto cada vez más en ese baile que me propone con cada movimiento. Una y otra vez, cada diez segundos exactos. Siento que vuelo, que mi angustia se esfuma en ese va y ven que retumba en mi cuerpo como el ritmo de una danza ancestral.
Cierro los ojos, es ahora. Tomo una bocanada de aire y me inundo en su aroma. Siento en la cara esas gotas de frescura y me dejo deleitar con sus sonidos salvajes.
Abro los ojos y tomo coraje para salir de la danza mojada. Ya no puedo volver, sus especímenes me agarran y la espuma me empuja hacia adentro. Me rindo, no me resisto ante la maravillosa inmensidad.