Julia Gutiérrez

Comunicadora, madre, feminista e inquieta.

Creció en el campo, rodeada de amigxs, algunos animales salvajes y bastantes libros.

Vino a estudiar a Rosario hace más de veinte años y se quedó a vivir, encantada con esta ciudad. Gusta de la literatura, la fotografía, la jardinería y tiene una lista de pasiones aún sin explorar. Sospecha que en una vida anterior fue vikinga.

Boqueteros

Naveguemos

en chalupa

de lomo encuadernado.

Izemos velas

con parasoles de bolsillo.

Atormentemos

tus sentidos

y los míos

con final incierto.

Usemos el filo

incisivo

de esa prosa

y estos versos

como raja.

Incitemos

una hendija

por la que se cuele la luz.

Vení

te invito cada tarde,

acordemos una cita

de lecturas a la par

luciendo un antifaz

de boqueteros de la Matrix.

Parkour

Resortes en las Topper. Pegar un salto corto, hilvanando brazadas de pecho. Avanzar cortando el viento con el piercing de la nariz.

Volar playito, escapando de una horda de terraplanistas hambrientos de masticar fantasías, cuales seso de caracú, relleno de canelones domingueros.

Pegar el salto, esquivar el abismo que se abrió y ya raja la tierra. Qué pavor pensar si la aspirara en un bostezo gigante de vísceras terrosas.

Ay, quién pudiera nadar alto como un bípedo emplumado y excelso; sólo ensaya ese saltito de pecho. Esquiva chapas oxidadas, tejas, parabólicas. El galope constante en el medio del tórax, al ritmo de la tropa que mira desde abajo, golpeando tacones y relamiéndose.

Soñarlo una y otra vez, ese vuelo-nado pigmeo, esquivador de algas grises. Nadadora de urgencia, sobreviviente. Bucea techos y patios, en una rueda sinfín. A otra vida le suplica su anhelo: nacer cóndor.

Sin cabeza

Brotaban como de abajo de la tierra. Eran cientos, subían y bajaban por el paisaje de cañaveral sebáceo. Cada día eclosionaban por docenas, con igual destino de hambre y confusión narcótica. “Negrito, aflojale a eso que te está matando”, escucharon decir a una voz. No pasaron horas que esa tarde de viernes Coquito dió de lleno su cabeza en la vereda donde lavaba autos. Más temprano que tarde los excesos de pobre lo habían volteado. Todavía resonaba el eco del impacto en el cemento cuando el piojo alfa voceó “A migrar: nos quedamos sin cabeza”.

Stapelia

Stapelia, sos tan fascinante, insólita y exagerada.
Tu primer pimpollo, como un globo a punto de explotar,

nos tuvo boquiabiertos varios días,
hasta desplegarse en esa flor ingente y estrellada.
“Mamá, ¿si la toco con mi dedo, me lo va a comer?”
Stapelia, tus pétalos carmín son la delicia
de las moscas carroñeras que se posan.
Afelpados, pulposos,

una corola atrapante llamadora de insectos:

¡Vengan a alunizarme!
Stapelia, planta marciana y suculenta.
Por vos esa mosca verde zumba en clave rocanrollesca
libando tu arrope al compás de Dancing Queen.