Haydée Siles

Nació en Argentina, en 1960. Para ella la fotografía es un acto poético (1) porque extrae la poesía del mundo, la hace palabra y la convierte en acción. La poesía está en nuestro mundo cotidiano en el árbol que está frente a la ventana, en los caminos que la atraviesan, en los rostros de la alegría y del dolor.

Espejo del árbol

I

 

El espejo apresa

la luna en la ventana

de la no elegida.

 

II

La sacerdotisa

inicia el círculo eterno.

Despierta los muebles.

Cruza los almohadones.

Observa el color justo

 de la cebolla.

Peina el flequillo.

Coloca perfume

 en el hueco justo.

 

III

No existe

más que este momento,

el espejo,

el lápiz rojo

y esta espera.

Una mujer haciéndose

 dulce.

 

IV

Toma el espejo

y no pregunta

si es la más linda

o con quién se va a quedar,

se colorea los labios

y lo deja caer.

 

V

la mala suerte

no se rompe

viene del árbol

en el que florece

 la casa

 

VI

El lunes se repetirá

el ritual circular

y casi perpetuo.

Cáscaras

Los minúsculos agujeritos se erizan,

pequeños volcanes se agitan y

los  anzuelos atraen!! Ahí va!

un oleaje de movimientos leves

ante las dos palabras.

Y sin embargo cierra sus pequeñas ranuras

dibuja silencios

se guarda, se reserva

debajo del vestidito

de florcitas.

De fantasmas y pájaros

Desde la ventana miro y reviso el orden de las palabras y de cada instante, me repito que no soy culpable.

Tengo por costumbre mirar los pájaros desde ahí, palomas, tordos, gorriones o jilgueros. Son señales del día que voy a tener, uno, dos o tres en los techos del edificio en construcción o en la casa abandonada.

Cada vez que volvías buscaba esa señal. Presagios.

 

Foto 1. Calle Almafuerte 723. Dos pájaros, uno en cada tanque de agua.

Un portón negro. Una puerta desvencijada, gris.

Las luces y sombras del atardecer de otoño juegan con las amarillas ramas y las paredes rotas.

Hojas y papeles se arremolinan en la calle vacía. Miro desde el tercero.

Un café humeante me acompaña,  decidiste quedarte en nuestra habitación mirando una película.

 

Foto 2: Almafuerte 723.  Uno sobre el techo gris.

Los tordos  han desaparecido, se llevaron las hojas, primero la de los árboles de la casa abandonada después la de los árboles de mi vereda.

La leve llovizna envuelve las ramas vacías.

Los vidrios están empañados. Una copa de vino me acompaña, una mochila se lleva el tiempo y los diálogos que no tendremos.

 

Foto 3. Almafuerte 723. Uno y tres pájaros

Vuelven los brotes verdes. Uno se despliega en las ramitas de la ventana de la cocina.

Enfrente, dos albañiles han traído bolsas de arena, ladrillos huecos, hierros y piedras.

Reorganizo la biblioteca, observo que te llevaste todos los libros de poesía y un disco de Aute y Silvio. No puedo reclamar, me quedé con la cafetera italiana para el spresso.

No tengo tu dirección, por eso escribo para deshacerte en palabras.

 

Foto 4. Almafuerte 723. Uno

Han cambiado el frente. No sacrificaron los árboles exultantes de verdes.

Bebo una copa de vino blanco con limón.

Los albañiles han picado la fachada de la casona. Le están agregando un piso. Han quitado la puerta. Van y vienen. Se escucha música, cumbia, vital, intensa, ella es abandonada y le grita mentiroso. Bailo con mi copa de vino blanco, frío, con limón. Aún no terminé de ordenar la biblioteca, me faltan los libros de poesía. Aún no encontré la historia justa para que te marches.

Esta ventana te trae. Vuelvo a la escritura para buscar la historia justa .

Dicen que sólo así se van los fantasmas.