Gloria Carmen Riottini

Gloria Carmen Riottini nació en Rosario, en 1952. Sus padres habían inmigrado pocos años antes de un pueblito del interior (Cañada  Rosquín) dónde quedaron abuelos y tíos y con el que tuvo estrecho contacto y la influyó hondamente.

El Normal Nro. 1”Dr. Nicolás Avellaneda le dio el título de Maestra Normal Nacional.

En la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Rosario en enero de 1980 se graduó como Psicóloga.

Ejerció esta profesión durante veintiocho años en los consultorios externos del Centro Regional de Salud Mental “DR. Agudo Ávila”.

El 31 de diciembre de 2008 se jubiló en el Centro Regional y se retiró de la práctiva privada.

A partir de 2009 comenzó a participar de talleres literarios, siguiendo lo que piensa fue su primer vocación.

Le gustaba usar los zapatos al revés, el pie derecho en el zapato izquierdo, el pie izquierdo en el zapato derecho. 

Le gustaba tomar sopa en el desayuno y café con leche para el almuerzo. 

Tenía un gallo como mascota. A la hora de la siesta lo paseaba con su correa por el medio de la calle de tierra 

Una tardecita se fue caminando hacia el este para ver la puesta del sol. 

Día 11, inmediato posterior al día de vencimiento,  en la puerta del edificio de Tarjeta Ciruela ya ha comenzado a formarse una fila de personas que esperan el horario en que comenzarán a atender, faltan aún unos veinte minutos.

La señora número uno tendrá unos setenta años, delgada, de piel cobriza, vestida prolijamente con pantalón de jean, pullover y campera de abrigo, (la mañana de otoño ha amanecido fresca). Su cabello muestra canas en las raíces es oscuro y de una motita pequeña.

La señora número dos, algo más alta y bien delgada, de cabello cano, lleva un pantalón beige, holgado y una camisa floreada bajo una campera marrón. Está cargada de espaldas y con expresión triste escucha.

-Yo no me niego a pagar-dice la señora número uno- pero no quiero que me cobren lo que se les ocurre. Tengo una pensión mínima. Tuve que dejar de alquilar, estoy viviendo en un galpón que recién el domingo pude ponerle el techo.

Los autos y colectivos pasan haciendo mucho ruido es una calle muy transitada, sigue llegando gente y la cola se hace más larga.

-Primero murió mi hijo en tablada. Dos años después mi hija, era lesbiana, ¡de linda! Rubia de ojos celestes. Problemas de pareja, pelearon y la mató, si, son terribles.

La señora número dos no dice nada, sólo la escucha.

-No tendrías que hacerte problema, si habré pasado cosas yo, el año pasado se suicidó mi hijo, veintiún años, se ahorcó con una cadena en nuestra pieza, de mi marido y mía. Él tomaba, pero no era violento ni nada, sólo tomaba.

Y en el dos mil murió mi nieto y al año siguiente justo para la misma fecha mi nietita, dos años tenía. El día anterior estuvo en mi casa caminando por todas partes y al día siguiente…

La señora número dos se tapa la boca con un pañuelo como si se protegiera del aire frío o de los gérmenes del aire.

En la vereda del frente hay muchos locales comerciales aún cerrados y una casa antigua  cubierta de hollín  muestra en el balcón muchas plantas hermosas. Sobre  la medianera visible del mismo edificio, por encima de la cornisa, se asoma toda una vegetación variada, de un verde fresco, saludable, debe ser muy agradable esa terraza. El cielo está muy celeste.

Ya faltan unos pocos minutos para las 9, la fila llega casi a la esquina y la señora número uno sigue hablando

-La llamaban, la llamaban y cuando salieron al patio, allí estaba, las patitas para arriba, se había ahogado en unos baldes donde juntaban agua de lluvia.

A las 09.00hs en punto abren las puertas, entran, se separan sin saludarse, la señora número uno va hacia el mostrador de atención al cliente, la señora número dos directo a las cajas, camina despacio, luego se vuelve hacia la persona que la sigue en la fila, con mirada ausente pregunta:

-¿Cuánto me cobrarán por un día de atraso? Tengo este aparato para medirme la presión-dice  señalando un bulto a la altura de la cintura, debajo de su blusa de flores chiquitas-. Tuve un principio de ACV.

-El que sigue-dice el cajero-la señora número dos lo mira y con paso vacilante se dirige hacia él.

Ha llegado la noche  y la comida se retrasa, Gloria va y viene de la cocina al comedor, la nena la llama,  no me atiende, parecería que la molesto, chocamos, me alejo por un momento al balcón, hace calor, las cortinas se balancean, hay una brisa suave, pero  no refresca.

Olivia  le pide un vaso de gaseosa y buscará escusas para retenerla. Me ha dicho casi a los gritos que no vaya, que no la siga. Y yo aquí sola.

 Esta pueda  ser mi oportunidad, si, ¿por qué reprimirme?, ¿me daría algún premio? Pero allí vuelve, me acerco, me mira y resopla, me alejo…se la ve cansada.

La conozco muy bien, siempre ocupada, siempre apurada ¿Cuándo va a parar? Recuerdo cuando vivíamos en la casa, antes de venir al departamento. Todo era distinto entonces, era peor en realidad, estábamos más distantes, nos perdíamos en la casa grande. El patio, las plantas no me hacían tan feliz como ella creía.

Da vueltas alrededor de la mesa, de la olla emana un aroma agradable, sus manos hacen rulitos en la masa, me acerco, vuelve a rechazarme, yo tengo sentimientos, ¿no  se da cuenta?

La nieta la llama nuevamente, sale apresurada hacia allí. La puerta vaivén se cierra tras de ella,  casi me golpea la nariz. Escucho sus risas, están viendo “la dama y el vagabundo”,  esa película está buenísima, ya la vi.

No vuelve…si, esta es mi oportunidad, salto una y otra vez, gozo, ¡qué felicidad!, podría acabar con ellas.

-¡Avril! ¡Avril! ¿Qué hacés? ¿Qué hiciste Avril?

-¿Qué hizo Yelli?–pregunta Olivia, su nieta, divertida.

- ¡Avril se comió siete empanadas! ¡crudas!

Me retiro al balcón pongo mi mejor cara de perra arrepentida, ¿y qué?, ¿yo no puedo festejar  su  cumpleaños? Había muchas, tanto lío por siete empanadas, ya se le va a pasar y bueno…si me duele la panza me la banco, qué se piensa.