Ester Gluncich

Es docente. Estudió Filosofía y es Licenciada en Fonoaudiología en la UNR. Actualmente trabaja como fonoaudióloga en el "Centro Médico Alas".

Todos los días a las 5 de la tarde llega el tren a la estación.

Ahí está él, espera todos los días parado en el mismo andén.

Al llegar, ella mira, lo busca, baja, se besan, se abrazan con un abrazo fuerte y tendido. No hablan.

En minutos, sube al mismo coche, al mismo asiento y ventanilla, el tren retoma su marcha y ella saluda hasta que la mirada se pierde en el andar.

Se buscan y se encuentran, todos los días, todos los días a las 5 de la tarde.

Ese día, a las 5 de la tarde, escuchó que el tren se acercaba, todavía no lo veía. La máquina se detuvo solo unos minutos, él parado siempre en el mismo lugar.

Ese día, ella no bajó, él vio el asiento vacío, la ventanilla libre, la cortina corrida. Su mirada fija estaba ahí, en esa ventanilla.

Se escuchó el silbato estridente y la marcha de la máquina que al partir se siente en todo el cuerpo.

Él quedó paralizado mirando la ventanilla, esa ventanilla.

Eran las 5 de la tarde, las 5 de la tarde, en todas las noches que siguieron.