Estela Figueroa

Estela Figueroa nació el 12 de agosto de 1946 en la ciudad de Santa Fe, donde reside. Coordinó talleres literarios en el Pabellón de menores de la cárcel de Las Flores, donde editó la revista Sin alas. Desde su aparición en 2001, dirige la revista La Ventana, que edita la Secretaría de Cultura de la Universidad Nacional del Litoral, donde también coordina talleres de escritura. Colabora en el diario El Litoral, de Santa Fe, y sus poemas han aparecido en diversas publicaciones del país y el extranjero. Publicó un volumen de ensayos, Un libro sobre Bioy Casares (2006), y los libros de poesía Máscaras sueltas (1985), A capella (1991), reeditados conjuntamente en 2009, y La forastera (2007).

La enamorada del muro

I

 

La enamorada del muro

no sabe cómo es el muro.

pero seguro siente su humedad

cuando ha llovido.

Su aridez

en tiempo seco.

La enamorada del muro

depende del muro.

A él se aferra.

Si el muro se cae

ella se desparrama

como una cabellera sin cabeza.

 

A veces es tímida

y cubre sólo la base

como una mujer arrodillada

que abraza las piernas de una hombre.

Y a veces –qué deseo

y qué orgullo caben en ella–

cubre no sólo el muro

sino toda la casa.

 

II

 

Todo amor nace

a partir de una pequeña confusión.

Nadie puede decir con certeza

si es el muro el que sostiene a su enamorada

o es la enamorada

la que sostiene el muro.

Y todo amor crece

a partir de pequeñas carencias:

La enamorada del muro no florece.

Tampoco el muro.

 

III

 

Visto desde afuera

la impresión general es de una gran belleza.

¿Pero quién puede alejarse para mirar

cuando está enamorado?

El muro no ve el hermoso conjunto.

Ve pequeños tentáculos

que se clavan en él.

La enamorada ve el muro descarnado.

“El es el hueso que me da forma.

Yo soy la carne que le da vida”.

 

IV

 

Vampiro en el jardín

 

Ningún jardinero

la recomendaría.

La enamorada del muro

tan pródiga con el muro

tiene un rol muy cruel en el jardín.

 

Está en su naturaleza apropiarse

de toda la humedad del terreno.

De modo que mientras ella se expande

y se demora tiernamente en el abrazo

las otras plantas mueren.

¿Qué puede importarle?

 

Una mujer enamorada es capaz

de atravesar sin ver una ciudad bombardeada.

Los ojos fijos en los labios de su amor.

 

No hay culpa

en la pasión.

 

“No permitiré que nada

ni nadie

te haga daño

amor mío”

 

V

 

En sí misma

 

Sólo una loca pudo

enamorarse de un muro.

 

Un muro no habla.

No escribe cartas.

No florece.

 

Cubierto totalmente por las hojas

deja de ser visible.

hasta se puede dudar de su existencia.

 

“No es eso

hija

lo que te enamora.

No es muro.

Es tu esplendor”.