Blanca Andreu

Blanca Andreu es una poetisa española, nacida en La Coruña en el año 1959. En su juventud, comenzó a estudiar Filología en la Universidad de Murcia y se trasladó a Madrid a mitad de la carrera, con la intención de finalizar allí sus estudios. Fue en la gran ciudad donde entabló relación con el escritor Francisco Umbral, quien la conectó con los círculos literarios del lugar. Entonces, Blanca dejó sus estudios para lanzarse de lleno a la profesión de la lírica. Su vida se vio marcada por la prematura muerte de su esposo, el novelista Juan Benet; en el año 1993, dejó la vida pública para volver a los paisajes de su infancia.
En sus obras, que partieron del surrealismo para gradualmente dejarlo atrás, aborda principalmente el amor, la infancia y el paso del tiempo. La escritora asegura que el dolor, que la acompañó en la época de sus primeras publicaciones, le permitió evolucionar y dar más profundidad y sencillez a sus versos. Entre sus poemarios, destacan "De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall", ganador del Premio Adonais en 1980, "Capitán Elphistone" y "Los archivos griegos".

 
I

Ahora me pregunto qué sería de aquel fuego

y de su noche, la ceniza.

 

 

 

En la India

                                                      (Loto)

 

-¿Quién eres tú, misteriosa

paloma vegetal de las aguas

perfumada estrella viviente?

-Cuando alza el azafrán como un monarca

su morada corona

y hace brillar su pistilo escarlata

del color de unos labios diciendo: “cosechadme”

y las lentejas de agua

y las castañas de agua

abren sus verdes ojos y pasean por el lago

yo lanzo mis raíces

a las profundidades

navego

por debajo

en un viaje de muerte

como el amor terrible

atravieso el olvido

y llego hasta la tierra sub-acuática

como a un palacio negro

y allí entro

sombrío, soberano

a comenzar mi historia

y entonces

vivo contra las aguas

desde la tierra al cielo

como el amor real

y majestuoso

subo

de la savia a la flor

y entonces soy

corazón blanco en las manos del río

soy nube anclada

de salvajes raíces

soy el suave

cordero

de las lagunas:

la rosa de Siddhartha.

Escucha, escúchame, nada de vidrios verdes...

 

Escucha, escúchame, nada de vidrios verdes o doscientos días

                                                                   de historia, o de libros

abiertos como heridas abiertas, o de lunas de Jonia y cosas así,

sino sólo beber yedra mala, y zarzas, y erizadas anémonas

                                                                               parecidas a flores.

 

Escucha, dime, siempre fue de este modo,

algo falta y hay que ponerle nombre,

creer en la poesía, y en la intolerancia de la poesía, y decir niña

o decir nube, adelfa,

sufrimiento,

decir desesperada vena sola, cosas así, casi reliquias, casi lejos.

 

Y no es únicamente por el órgano tiempo que cesa y no cesa,

                                                        por lo crecido, para lo sonriente,

para mi soledad hecha esquina, hecha torre, hecha leve notario,

                                                                           hecha párvula muerta,

sino porque no hay otra forma más violenta de alejarse.

 

 

 

 
Hombres de los océanos

 

                                          A Miguel Lodeiro

 

Navego

sobre trigo celeste

entre hierbas azules por los campos marinos.

Aquí son gaviotas las tórtolas

y el mirlo, cormorán.

Los que labran estos húmedos surcos

de color verde o índigo

recogen plata

si siembran

sueños

o deseos

de volver al hogar.

 

 

 

Marina

 

Te he visto, océano

te he galopado

a lomos de un violín

de madera pulida

de un potro alabeado

del color del cerezo

y eras, océano

un prado

de hierba azul

en movimiento.

 

Como si fueras

el propio olvido

te he visitado

océano

emperador de las aguas

espejo profundo del cielo

y he visto en tus eternas barbas de espuma

cereales azules y flores del silencio.

Marina del color del amor

 

Eres la estrofa azul, el poema verde

que mi amor me recita con su sonrisa roja

que me canta mi amor

con alma gigantesca y dedos negros.

 

Eres el verso azul inacabable

hecho de estrellas y de cielo líquido

sembrado de naranjas y de lunas

donde ata mi amor sus pensamientos.