Alda Merini

La poeta italiana Alda Merini nació en Milán el 21 de marzo de 1931  y falleció en la misma ciudad el primero de noviembre de 2009.

Publicó a edad muy temprana, con sólo quince años, gracias a la protección de Giacinto Spagnoletti, que fue quien descubrió su talento artístico. En 1947, Merini encuentra le prime ombre della sua mente («las primeras sombras de su mente») y es internada durante un mes en el Hospital Psiquiátrico de San Raffaele Turro (Villa Turro) de Milán. 

Giacinto Spagnoletti incluyó a Merini entre los poetas de su Antologia della poesia italiana 1909-1949, publicada en 1950.4En 1951, por la sugerencia de Eugenio Montale y de Maria Luisa Spaziani, el editor Scheiwiller publica dos poemas inéditos de Merini en el libro Poetesse del Novecento.

Entre 1950 y 1953, Merini frecuenta por trabajo y amistad al poeta Salvatore Quasimodo.

En 1953 aparece su primer volumen propio de poemas, La presenza di Orfeo. En 1955 publica Nozze Romane (Bodas romanas) y Paura di Dio (Miedo de Dios). Este mismo año nace su primera hija, Emanuela. Alda dedicará al médico que cuidó de su niña, Pietro De Paschale, la selección de versos Tu sei Pietro (Tú eres Pedro) que se publicó en 1961.

En 2000 ve la luz Superba è la notte (Soberbia es la noche, Einaudi) con el conjunto de poemas escritos entre 1996 y 1999 que la autora envió al editor Einaudi y a Ambrogio Borsani. Al no ser posible ordenarlos cronológicamente (las obras no estaban fechadas), los editores decidieron publicarlos por afinidad temática y estilística.

La obra de Merini deriva a partir de estos años hacia una profunda religiosidad de carácter místico, alentada por su trato con Arnoldo Mosca Mondadori, quien editó los versos de la poeta en la editorial Frassinelli

Huida de loba

A quien me pregunta
cuántos amores he tenido
le respondo que mire
en los bosques para ver
en cuántas trampas ha quedado
mi pelo.

 

Amigo

 

¿Qué es un amigo?
Una masa de carne
adentro con un hilo de alma
que te mira con miles de ojos
y te sientes perseguido.
No es amor solamente,
es uno que ha comprendido
que el verdadero enemigo del hombre es la vida
y la quiere estrangular,
y te mata también a ti,
por confusión de amor.

 

 

Ahora que ves a Dios

 

Si tú callas
más allá del mar
si tú conoces
el ala del Ángel
si tú dejas la madre tierra
que te ha devastado tanto
ahora puedes decir
que está la tierra del pobre
la tierra del poeta
toda ensangrentada por la soledad
y ahora que ves a Dios
reconoces en ti mismo
la flor de su lengua.

El beso

Qué flor me nace sobre la boca
apenas me miras
y temes ser despedazado.
Inundaciones imprevistas
son tus ojos ardientes
pero la flor no quiere morir
se queda allí sin carne
a esperar la muerte.

 

 

El rostro

 

Vieras el rostro de mi alma
cuando te veo y tiemblo
y se vuelve hoja de escucha.
Vieras el dedo de mi corazón
que te indica caminos desconocidos.
Vieras mi amor
que es tierno hijo
que crece sin padre.

 

Paisaje a colores

  

Yo juego con colores inexistentes
pero cuando sueño
todo es gris desenfocado.
Oh realidad vencedora
que palpitas en los árboles desnudos
y cantas aún la muerte.
El color engaña y nos colma
cuanto basta para no creer en Dios
e invocarlo siempre.

La presencia de Orfeo

A Giorgio Manganelli


No te prepararé mostrándome a ti
en una intimidad ilimitada,
para que, al tocar tu mano,
no tenga una memoria de presagios,
yaceré en lo informe
yo misma fundida, derretida en la oscuridad,
para en lo posible, elaborada y viva,
pueda volver caos…
Orfeo, novel amigo de la ausencia,
modularás de nuevo con tu citara
la figura que nace de mi misma.
te hallarás, parsimonioso y adivino,
en el umbral de un misterio absoluto de silencio,
ignorando mis límites de un tiempo,
Gozarás al poseer la sola ausencia.
Entonces, concretándome en un primer
gesto de presencia,
seré una rama florecida de consenso,
y después, encontrando un punto de contacto,
admitiré una tímida conciencia
de vida de animal,
y me diré que ya no iré más allá,
mientras que tú me desarrollas,

sapiencia ineluctable y segura,
en un juego inesperado de armonías
en una conclusión de muchacha…
Muchacha ¿ese es el término alcanzado?
Y por el revés no lo he madurado
¿no lo he destruido después
decepcionada, ofendida en toda voluntad?
¿qué quiere decir muchacha,
sino superación de la conciencia?
Era esto de mí que no quería:
Llevarme, sin preocuparme de ninguna forma,
al vértice mortal de la vida…
¡Mas la presencia de todas mis facciones
es como urgencia que me empuja a crecer,
súbita propuesta
y aún más súbita resolución los enigmas!
Y cuando después, de mi adherencia misma,
la forma resbaló a otro tiempo
de más raras y extrañas conclusiones,
cuando de mi sentir voluptuoso
quede una adherencia de dolor,
entonces, entonces preferiré la muerte
que confirme en mi esta posesión.
Pero podemos avanzar por la vida
mano que sujeta y antorcha en alto
y también podemos dedicarnos

a los olvidos más serenos
cuando nuestros múltiples anillos
se disuelvan y se retomen en acuerdo,
cuando la seguridad de la inmanencia
nos envuelva en un bienestar absoluto.
Así, entre tus brazos ordenadores
yo me vierto, mínima e inmensa;
hecho sereno, hecho irrefrenable
actividad perenne de evolución.

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27

Las dunas del canto se han cerrado,
Oh, maldita magia del universo
que todo lo puede sobre una blanda esfera.
Entonces no vengas tú a mi pasado
no abras deltas vertiginosos
plagas latentes, entradas
a las escaleras que móviles se encuentran
en la barandilla del declino;
Quédate, podrías ser también Orfeo
que me viene a rescatar de la nada,
quédate, oh mi valiente caballero,
yo sufro la luz, en las sombras
soy la reina, pero fuera en el mundo
podría estar muerta y tú sabes
que la desorientación me atropella
cuando veo un árbol seguro.

XXI

Y cuando quiera escribir
me arrancaré las uñas y manos,
y cuando quiera hablar
versaré veneno en la boca,
porque el hombre tiene los oídos cerrado por el odio,
desciende sobre mí Señor,
hazme entender que soy objeto de compraventa
yo que era tu predilecta,
hazme entender que sólo los ángeles
no tienen un alma negra,
que se compadecen del hombre;
yo enfangada estoy aquí a tus pies perenne
como Euridice nefasta.